El Gobierno provincial presentó dos herramientas que buscan ordenar la calidad turística y visibilizar los sabores autóctonos. Detrás del anuncio, un objetivo claro: que el visitante no solo recorra paisajes, sino que también se lleve en el paladar la memoria de la tierra.
No es un dato menor: en tiempos donde el turismo interno se redefine y la exigencia del viajero crece, La Rioja decidió apostar a la gastronomía como uno de sus bastiones identitarios. Y lo hizo con dos instrumentos concretos: la Guía de Gestión de la Calidad Turística en Establecimientos Gastronómicos y el catálogo Sabores Riojanos.
Ambas fueron presentadas esta semana por la Secretaría de Turismo provincial, en un evento que reunió a referentes del sector privado, académico y gremial en el Restaurante El Nuevo Corral.
Lejos de ser un simple manual de buenas intenciones, la guía busca ser una hoja de ruta operativa. Propone estándares claros, procesos ordenados y un programa de capacitaciones ya disponible en línea (turismo.larioja.gob.ar) para que cocineros, mozos y dueños de locales puedan pulir su oficio y responder a lo que el turista de hoy exige: calidad, consistencia y experiencia.
Pero el plato fuerte no es solo técnico. El catálogo Sabores Riojanos se propone como un mapa afectivo de la cocina local: un reconocimiento explícito a los productores, cocineros y saberes que sostienen la tradición culinaria de la provincia.
Porque, como recordó durante el encuentro la gerente del Restaurante El Nuevo Corral, Katty Asís, "nosotros vendemos experiencias". Y esa experiencia, en La Rioja, se construye con olivos, vinos, quesos de altura y recetas que atravesaron generaciones.
"En un contexto desafiante para el turismo, seguimos fortaleciendo herramientas y construyendo una hoja de ruta junto al sector privado y académico", subrayó el ministro de Turismo y Culturas, Gustavo Luna. Sus palabras no fueron un mero formalismo: la jornada contó con la presencia activa de estudiantes de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR) y representantes de Fehgra y Uthgra, lo que evidencia un intento por tejer alianzas más allá del mostrador.
El secretario de Turismo, José Rosa, fue más allá y puso el foco en la equidad territorial: "Esta guía nos permite achicar brechas y que tanto los prestadores del interior como los de Capital tengan herramientas para unificar pautas". Un guiño no menor a una provincia con diversidad de escalas y realidades productivas.
La presentación tuvo su broche de oro con degustaciones de bodegas y emprendimientos locales —Valle de La Puerta, Don Salim, La Estación— que, más que acompañar, demostraron con hechos que el sabor riojano ya está listo para ser contado, medido y, sobre todo, disfrutado.
La pregunta que queda flotando no es si La Rioja tiene buena cocina —eso ya es un hecho—, sino si logra convertir esa riqueza en un relato turístico consistente. Con estas herramientas, al menos, le está poniendo los ingredientes justos. El resto, como en toda buena receta, dependerá del fuego y la mano de quienes la cocinan.


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