Bodega Jorge Rubio celebra el Día del Cabernet Sauvignon con su Gran Reserva Bicentenario


El jueves 27 de agosto se celebra 
el Día del Cabernet Sauvignon y Bodega Jorge Rubio nos invita a levantar la copa con su con su Gran Reserva Bicentenario, que nació criado entre noches frescas de General Alvear y barricas de roble francés que todavía guardan el eco de aquella cosecha de 2010. Y sigue vigente.

Como sabrán, hay vinos que se beben. Y hay vinos que se recuerdan. El Gran Reserva Bicentenario de Bodega Jorge Rubio pertenece al segundo grupo. No solo por su etiqueta —que evoca dos siglos de historia argentina—, sino porque en cada copa cuenta una historia más íntima: la de un terroir tardío, de días soleados y suelos pobres, donde el Cabernet Sauvignon aprende a madurar sin prisas.

 “Los últimos 15 o 20 días antes de la cosecha son los que deciden todo”, explica Jorge Rubio, el enólogo que lleva las riendas de la bodega. Y no exagera. En esa ventana de tiempo se juega la formación de los taninos, el color profundo y los compuestos fenólicos que darán cuerpo y memoria al vino. En el Oasis Sur mendocino, esas jornadas decisivas transcurren con temperaturas moderadas, sin sobresaltos. 

Por suerte”, dice Rubio, con la modestia de quien sabe que la naturaleza también hace su parte. El origen está en Finca Gabriel, la primera finca de la familia, en El Desvío. Siete hectáreas donde cada racimo se elige a mano, como si se tratara de una selección de candidatos para un cargo importante. Y vaya si lo es. Después, 18 meses en barricas de roble francés de primer uso y más de un año en botella antes de salir al mundo. 


Un reposo que no es paciencia, sino estrategia: el vino llega al mercado cuando ya está listo, no cuando la producción lo exige. En la copa, el Bicentenario no se esconde. Se presenta con un rojo rubí intenso, casi terco. En nariz, es una conversación entre lo frutal y lo ahumado: cerezas, cassis, un toque de pimentón que remite a las noches de asado, y detrás, la vainilla y el chocolate que el roble le regaló durante mes y medio de crianza. En boca, es estructurado, firme, pero sin brusquedad. 

Un vino que no pide permiso, pero tampoco grita. Y que deja un final largo, de esos que invitan a otro sorbo. A 16 años de aquella primera cosecha, el Gran Reserva Bicentenario no es un vino conmemorativo: es un vino vigente. 

Una etiqueta que la bodega sigue ofreciendo como su mayor exponente de Cabernet, con un precio sugerido de $26.500, y que hoy encuentra su mejor compañía en carnes rojas o platos de sabor intenso. Pero también, por qué no, en una charla larga, con el mantel puesto y el tiempo a favor. 

La bodega que mira al mundo desde el sur mendocino 

Detrás de esta botella hay una historia que arrancó hace 23 años, cuando la familia Rubio decidió plantar bandera en las afueras de General Alvear. Hoy, Bodega Jorge Rubio produce 1,4 millones de litros anuales con tecnología de punta, pero sin renunciar a los gestos que marcan la diferencia: la cosecha manual, la selección grano a grano, el etiquetado a mano para sus líneas más emblemáticas. 

La bodega tiene una sala de degustaciones subterránea —como un secreto bien guardado—, una cava con más de 700 barricas de roble francés y americano, y una champañera donde los espumantes de alta gama se elaboran con el método tradicional Champenoise. También hay una pequeña destilería, con alambiques franceses, que da vida a su Cognac de Autor. 

Un detalle que habla de una obsesión: hacer las cosas bien, sin atajos. Hoy, sus vinos se beben en más de 12 países, desde Japón hasta Canadá, pasando por Alemania y Brasil. Y llevan cosechadas más de 70 menciones internacionales con puntajes que superan los 90 puntos. Pero, lejos de acumular trofeos, la bodega insiste en una idea sencilla: que sus vinos reflejen la esencia del Oasis Sur, con respeto por la tierra y por la gente que la trabaja. Quizás por eso, el Gran Reserva Bicentenario no necesita fechas ni aniversarios para ser recordado. Basta con abrirlo. Y escuchar lo que tiene para decir.