"Viajar para volver distintos" por Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity

Mariela Mociulsky: "El aeropuerto y el vuelo ya no son solo transporte: forman parte de la experiencia emocional del viaje".

Vivimos en una era de aceleración tecnológica: la IA transforma nuestra vida y automatiza gran parte de nuestras tareas y decisiones. Sin embargo, con la misma fuerza emerge la búsqueda de sentido, conexión y valores humanos. 

En los viajes, esta reconexión implica ya no viajar para escapar de la rutina, sino volver distintos. El viaje aparece como una oportunidad de desacelerar, restaurar energía y volver a sentirnos presentes. 

Desde propuestas sofisticadas hasta el simple silencio o la naturaleza, el viaje empieza a funcionar también como un espejo de la identidad. El destino deja de ser solamente geográfico y pasa a expresar quién soy, qué necesito y cómo quiero vivir este momento de mi vida. 

Por eso crece la demanda de viajes hiperpersonalizados, diseñados alrededor de intereses, valores y momentos vitales. En ese punto aparece una paradoja interesante. Si el mundo está saturado de tecnología, ¿no querríamos menos tecnología en el viaje? 

La respuesta parece ser la contraria. El nuevo viajero no rechaza la tecnología. Lo que espera es que la tecnología, y cada vez más la inteligencia artificial, absorban la fricción: que simplifique la planificación, ordene la información, compare opciones, organice itinerarios y resuelva imprevistos. 

En los aeropuertos, la IA ya se utiliza para gestionar flujos de pasajeros, optimizar el manejo de equipaje y anticipar problemas operativos antes de que ocurran. También se implementan tecnologías biométricas que permiten atravesar el aeropuerto utilizando reconocimiento facial en lugar de boarding passes o check-in tradicional, creando viajes mucho más fluidos. 

Pero el impacto más interesante de la IA no es solo operativo. Es cognitivo. La inteligencia artificial reduce la carga mental que implica organizar un viaje en un entorno de información infinita. Reduce la fricción que muchas veces vuelve agotadora la experiencia. Esto tiene implicancias claras para la industria del turismo y la aviación. 

Mariela Mociulsky: "Los viajeros buscan estar en control de su energía y priorizan experiencias auténticas y menos masivas".

Si el viaje promete restauración, todo el ecosistema —desde aeropuertos hasta plataformas digitales— entra en lo que podríamos llamar la economía del sistema nervioso. El aeropuerto y el vuelo ya no son solo transporte: forman parte de la experiencia emocional del viaje. Por eso el diferencial competitivo empieza a desplazarse. Ya no se trata únicamente de precio o puntualidad, sino también de reducir incertidumbre y bajar la carga cognitiva del pasajero. 

De las investigaciones en turismo que realizamos en Trendsity surgen tres grandes ejes para entender las transformaciones que atraviesa la industria. 

El primero es la tecnología al servicio de la experiencia. Poner al viajero en el centro va mucho más allá de las encuestas de satisfacción. La combinación de inteligencia artificial y blockchain transformará la distribución hotelera, los paquetes turísticos y las ofertas personalizadas. 

El segundo es la consolidación de las escapadas. Si bien en Argentina ya existía este formato, se potenció enormemente con la pandemia y empezó a ocurrir en cualquier momento del año. Ya no se trata solamente del fin de semana largo. Destinos como Mendoza, Salta, Calafate, Ushuaia, Bariloche, el Litoral y Cataratas se benefician de esta lógica. 

El tercer eje es el crecimiento del turismo sostenible. De ser una inquietud de un segmento de viajeros, pasó a convertirse en una industria vinculada al cuidado de la naturaleza y las comunidades. 

La pandemia aceleró esta tendencia y hoy existe una demanda creciente por experiencias más responsables. Desde el Observatorio de Tendencias de Trendsity identificamos además cinco grandes megatendencias que atraviesan la industria. La primera es la neoconectividad. 

Los viajeros buscan estar en control de su energía y priorizan experiencias auténticas y menos masivas. Las redes sociales y los influencers se convierten en aliados para descubrir destinos menos explorados y compartir experiencias. La segunda es la idea de fronteras porosas. 

Los límites entre trabajo y ocio se flexibilizan y aparecen fenómenos como el “workation”, que combina trabajo remoto y vacaciones. También crece la combinación entre turismo urbano y naturaleza. La tercera es la búsqueda de raíces móviles. El viaje se vincula con la necesidad de redefinir la identidad y reconectar con los propios recuerdos y refugios. 

En ese contexto se revalorizan propuestas de turismo rural, comunitario y experiencias ligadas a la cultura local. La cuarta megatendencia es la conciencia de la responsabilidad. Los viajeros valoran cada vez más la sustentabilidad y el impacto social de sus decisiones. 

Crecen las propuestas de turismo responsable y regenerativo. La quinta es el egobalance: la búsqueda de bienestar y equilibrio personal. La naturaleza, el slow travel y las experiencias vinculadas al bienestar físico y emocional se consolidan como respuesta a los niveles de estrés y ansiedad contemporáneos. Así, el turismo se resignifica. 

Viajar ya no implica solamente conocer un lugar nuevo o escapar de la rutina, sino conectarse con la propia esencia y volver transformados.