Otoño de cosecha: experiencias entre olivares, sierras y sabores bonaerenses

A poco más de 500 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el paisaje del sudoeste bonaerense adquiere nuevos colores y un ritmo diferente durante el otoño. Entre sierras, caminos rurales, lagunas y extensos campos, comienza la temporada de cosecha de aceitunas, uno de los momentos más esperados por productores y visitantes que llegan atraídos por las propuestas de oleoturismo que crecen año tras año en la provincia.

Las condiciones naturales de esta región —amplitud térmica, vientos secos, cercanía al océano Atlántico y suelos comparables a los del Mediterráneo europeo— favorecen la producción de aceites de oliva virgen extra de alta calidad, reconocidos tanto a nivel nacional como internacional. 

En este corredor productivo y turístico, destinos como Coronel Dorrego, Bahía Blanca, Tornquist, Coronel Pringles, Puán y Adolfo Alsina combinan gastronomía, naturaleza, cultura y bienestar en torno al universo de la oliva.

Coronel Dorrego, epicentro del oleoturismo bonaerense

Uno de los principales referentes olivícolas de la provincia es Coronel Dorrego, donde la actividad productiva convive con propuestas turísticas que permiten conocer de cerca el proceso de elaboración del aceite.

Allí, Estilo Oliva desarrolla prácticas sustentables en sus fincas Don Nicolás y Familia Hollender. Durante la cosecha organiza visitas guiadas, experiencias participativas de recolección, catas de aceite de oliva virgen extra, almuerzos campestres, sesiones de yoga y actividades vinculadas al bienestar.

Organizamos visitas guiadas durante los fines de semana y feriados, generalmente hasta mediados del otoño. La gente conoce el proceso de cosecha, participa simbólicamente de la recolección y puede elaborar su propio aceite. Luego realizamos catas y almuerzos donde degustan distintas preparaciones elaboradas con nuestro producto”, explicó Federico Hollender, referente del emprendimiento.

También en el distrito se encuentra Finca Rumaroli, que incorpora tecnología italiana de última generación para garantizar una molienda rápida y preservar las propiedades de la aceituna recién cosechada. Sus recorridos permiten observar el paso del fruto desde el árbol hasta la almazara en pocas horas y conocer las características de las distintas variedades.

En la localidad de Faro, reconocida por sus playas agrestes y por el histórico Faro Recalada a Bahía Blanca, la Capilla Nuestra Señora del Olivo aporta una dimensión histórica y espiritual a la ruta turística. El espacio funciona en una antigua vivienda ferroviaria restaurada y ofrece recorridos que combinan patrimonio, religiosidad y paisaje rural.

Experiencias entre lagunas y sierras

En Puán, donde lagunas, historia y serranías conforman un atractivo paisaje, se desarrolla Epu Antu, proyecto impulsado por la cooperativa local para promover la olivicultura regional. Su nombre significa “Tierra de los Dos Soles” en lengua mapuche y alude al reflejo solar sobre la laguna cercana. La propuesta incluye visitas al olivar y la almazara, degustaciones guiadas y actividades de cicloturismo entre los árboles.

Más al sur, en Tornquist, Olivares de las Sierras se consolidó como una referencia provincial del oleoturismo. Sus actividades incluyen catas con maridajes, picnics en el olivar, recorridos técnicos y propuestas recreativas para niños.

En el paraje Fra-Pal, dentro del partido de Coronel Pringles y próximo al cordón serrano Pillahuincó, Olivares La Loma mantiene una producción artesanal basada en la cosecha manual de variedades como arbequina y picual, priorizando la calidad del fruto antes del prensado en frío.

Bahía Blanca y la consolidación de la Ruta del Olivo

Considerada la puerta de entrada al sudoeste bonaerense, Bahía Blanca también se ha convertido en un punto clave para el desarrollo del oleoturismo.

En Finca Nobles Caciques, olivares y viñedos comparten el mismo paisaje. El establecimiento, reconocido por sus aceites premiados y su enfoque sustentable, ofrece catas guiadas de aceite y vino orientadas a descubrir aromas, intensidades y atributos sensoriales de cada variedad.

Por su parte, Finca Oliva Olivos transforma la cosecha en una experiencia participativa para toda la familia. Durante mayo organiza jornadas especiales que permiten recorrer el olivar, conocer las técnicas de recolección y observar el funcionamiento de la almazara. La propuesta se completa con degustaciones, almuerzos campestres, casa de té, tienda de productos regionales y cenas especiales entre los olivares.

Cosecha, bienestar y tradición

En la localidad de Cabildo, a unos 50 kilómetros de Bahía Blanca, Olivos del Napostá combina producción, bienestar y turismo rural. En sus 100 hectáreas atravesadas por el arroyo Napostá, las jornadas de cosecha incluyen recorridos guiados, participación en la recolección y degustaciones de aceite de oliva virgen extra.

Tenemos una cosecha recreativa y turística pensada para quienes desean vivir la experiencia. Recorren el olivar, cosechan manualmente y pueden observar cómo el fruto recolectado se transforma en aceite en la almazara ubicada junto al predio”, explicó Víctor Hugo Serafini, director general del establecimiento.

Además de las experiencias productivas, el emprendimiento organiza encuentros gastronómicos donde sobresale el tradicional cordero patagónico mediterráneo al asador.

En la colonia San Miguel Arcángel, donde permanece viva la herencia de los alemanes del Volga, Recóndito Olivares combina olivicultura, turismo rural y permacultura. Sus propuestas incluyen caminatas guiadas, recorridos por huertas y montes frutales, además de desayunos y meriendas elaborados con productos locales. Entre sus especialidades destaca el Olivalatte, una infusión preparada con hojas de olivo y leche.

Una invitación a descubrir otra Buenos Aires

Mientras avanza la cosecha, productores, trabajadores y visitantes comparten jornadas donde tradición, naturaleza y turismo se integran en una misma experiencia. Ya sea mediante recolección manual o sistemas más tecnificados, el objetivo es preservar la calidad del fruto para obtener aceites de excelencia.

La Ruta del Olivo invita así a descubrir una faceta diferente de la provincia de Buenos Aires. Entre sierras, lagunas, pueblos rurales y extensos olivares, el sudoeste bonaerense encuentra en el otoño una de sus postales más auténticas: manos cosechando, aceites recién elaborados, mesas compartidas y experiencias que conectan con la tierra y los sabores del Mediterráneo en suelo argentino.

Más información: Buenos Aires Turismo.