Viaje al Polonio Oriental


Mi primer acercamiento a Cabo Polonio fue a partir del relato de Inés, una colega periodista. Recuerdo sus historias exquisitas que pintaban este lugar de un modo especial. Muchos años después, llegué a Polonio, a secas. Y debo reconocer que fue muy distinto de lo que esperaba.
Hoy esa vieja aldea de pescadores, que se transformó en el reducto hippie de los veraneantes en los '80, es otra cosa. Creo que entra en la categoría de los lugares que 'hay que ir' a conocer para ver de qué se trata.


Cuentan que el nombre Cabo Polonio proviene del capitán de un barco que naufragó en estas tierras. A menudo el cabo, con su formación extendida hacia el mar influye sobre el flujo de las corrientes costeras y provoca dificultades para navegar. Ese fue el caso del barco Nuestra Señora del Rosario, Señor de San José y las Animas, un 31 de enero de 1753 cuyo capitán, un tal Joseph Polloni.


Al lugar se accede unicamente en vehículos 4X4, que recorren unos 9 km entre los médanos y van por la orilla del mar hasta llegar al centro de Polonio. Es la única forma de llegar. Polonio forma parte de un parque nacional. Allí viven todo el año tan solo unos pocos habitantes. Los viajeros pueden acceder por medio de camiones 4X4 cuyo servicio, hoy masivo, ofrece un grupo de seis empresas de transporte. Ojo, también se puede hacer caminando, pero hay que ir con tiempo, con ganas y con poco equipaje.
El paisaje es hermoso. Les recomiendo subir al piso más alto del camión para poder apreciar mejor el camino. Es un safari fotográfico excelente. Con una mano tengan la cámara encendida y lista para disparar. Con la otra manténganse bien agarrados: es como ir montado a una coctelera.


Al llegar al pueblo uno tiene las primeras impresiones. Las casas son ranchos con lo mínimo indispensable. Los 4X4 dejan a las personas en una especie rodeo circular. Alrededor hay varios puestos de artesanías y hostales, puestos de información, bares y alguna casa de comidas improvisada. Esta claro que los primeros pobladores del lugar se dedicaron a la pesca. Qué más podían hacer? Pero Cabo Polonio nació como destino turístico de otro modo. Se gestó como un punto alejado y exclusivo para cierta elite argentino-uruguaya de buen pasar que quería experimentar el bohemio estado salvaje frente al mar.


Los paseos recomendados giran en torno a la playa. Si se toma el camino hacia la derecha, frente al mar, se podrá encontrar el faro de Polonio y la reserva de lobos marinos.
Durante el trayecto, la caminata por la playa transforma su fisonomía en un estrecho camino por rocas. Hacia el mar se puede ver como sobresalen inmensas moles de granito socavadas por el constante golpe de las olas. Me imagino la desesperación de la tripulación del barco que conducía Joseph Polloni. El naufragio; la desazón de los marineros en estas aguas profundas.
Por supuesto, también es recomendable subir a lo alto de faro y hechar un vistazo a todo este paisaje deslumbrante. Por supuesto, la visita tiene que sumar la degustación de rabas, que son un manjar acompañada por un cerveza Pilsen o cualquiera a su elección.


El viento merece un mención especial. Es contundente y nos acompaña a todos lados. Por eso, si prestan atención verán a las mujeres que siempre van provistas de pañuelos para cubrirse la cabeza y alivianar la sensación de tedio que causa el viento. Para los surfers, esto es toda una bendición.


Cada uno de los viajes que hice fue particular. Salvo algunas excepciones, creo que todos los lugares tienen cosas para ofrecer. Polonio tiene lo suyo. Si me piden encasillar este destino lo ubicaría en la categoría 'playas exóticas'. Pero no le den importancia a esto. Creo que en este lugar se respira libertad. Aire fresco. Ese es su principal atractivo y un gran motivo para visitarlo.

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