Más allá de la sostenibilidad: El turismo se enfrenta al reto de ser "regenerativo"

El modelo de destino turístico inteligente ya no busca solo minimizar el daño, sino mejorar el entorno y la vida local a través de datos y gobernanza real. El concepto de "sostenibilidad" en el turismo ha quedado obsoleto. Al menos, en su versión más declarativa. 

Tras una década en la que sirvió para profesionalizar el sector y visibilizar los impactos, la realidad del cambio climático, la escasez hídrica y la turismofobia exigen un salto cualitativo. 

La nueva frontera no es causar el menor daño posible, sino lograr que la actividad turística deje el territorio en mejores condiciones de como lo encontró. Hablamos del modelo de destino turístico regenerativo e inteligente.

¿Qué es un destino regenerativo?

Lejos de ser una etiqueta aspiracional, este modelo se basa en la gestión activa. Un destino regenerativo es aquel que convierte el turismo en una palanca de mejora neta del sistema, apoyándose en dos pilares: decisiones basadas en evidencia y una gobernanza con capacidad de corrección en tiempo real.

Los expertos advierten: el proceso no empieza con una campaña de marketing ni con la compra de tecnología punta. El primer paso es definir un "norte" estratégico claro. 

Esto se traduce en una "carta de valor territorial" que establece, a tres o cinco años vista, qué activos naturales y sociales se deben fortalecer y qué límites no se pueden cruzar, ni siquiera bajo la presión del mercado.

Del "me gusta" al dato: medir lo que importa

Para una transformación real, el éxito no puede medirse solo en llegadas o gasto turístico. Es necesario construir una "línea base" honesta con indicadores de valor real:

  • Huella de carbono e hídrica por visitante.

  • Porcentaje del gasto que se retiene en la economía local.

  • Calidad y estabilidad del empleo generado.

  • Percepción del residente y niveles de saturación espacial.

Cuando un destino gestiona con datos, deja de debatir opiniones y se centra en soluciones. La inteligencia del destino no reside en sus sensores, sino en su capacidad para activar protocolos ante una crisis climática o una situación de saturación.

El giro incómodo: rediseñar los incentivos

El gran escollo suele ser el económico. La regeneración no se escala por inspiración, sino con un sistema de incentivos que deje de premiar el volumen a corto plazo. En el nuevo modelo, las ayudas y la promoción deben vincularse al desempeño verificado. 

Es decir, los operadores que reducen su huella hídrica, compran localmente y generan empleo de calidad deben tener prioridad sobre aquellos cuyas externalidades negativas acaban siendo pagadas por el territorio.

El liderazgo será de la confianza

Para sobrevivir a los ciclos políticos y al escepticismo, este modelo exige transparencia y auditoría externa. Publicar resultados verificables, asumiendo éxitos y fracasos, es la única vía para construir el activo más escaso del mercado actual: la confianza. 

En la próxima década, el liderazgo turístico no será del destino que más visitantes reciba, sino de aquel que pueda demostrar que el territorio está vivo y es mejor gracias a él.