Huinganco, el Jardín del Neuquén donde los tulipanes conviven con las historias de montaña

Se encuentran en el Vivero Provincial en Huinganco. Su estrada es Libre y Gratuita. 

En el norte neuquino, este pequeño pueblo combina una floración que anuncia la primavera, senderos de montaña, productores artesanales y un nuevo mirador monumental. Una invitación a descubrir otra Patagonia, lejos de los circuitos más transitados.

Hay una manera de descubrir la Patagonia que consiste en evitar las rutas más conocidas, en desviarse de ellas. Al norte de Neuquén, donde la cordillera cambia de perfil y los valles se alternan con la estepa, los ríos y los pequeños poblados, el viaje adquiere otro ritmo. Allí, entre montañas y caminos que conectan comunidades de fuerte identidad rural, Huinganco aparece como una escala que merece algo más que una visita fugaz.

Conocido como el Jardín del Neuquén, el pueblo hoy encuentra en la primavera una de sus imágenes más reconocibles: los tulipanes que colorean el paisaje durante octubre y noviembre. 

La casa de informes al llegar a la localidad, también cuenta con una sala donde se pueden adquirir los dulces regionales.

Pero quedarse únicamente con esa postal sería pasar por alto buena parte de su atractivo. En Huinganco también hay productores que transforman frutos y hongos en conservas artesanales, senderos que conducen hacia las alturas y una nueva escultura que suma otra referencia al paisaje.

La localidad forma parte del Alto Neuquén, una región donde las tradiciones de los crianceros trashumantes, la cultura del chivito y las preparaciones con ñaco conviven con historias transmitidas de generación en generación. Es una zona para recorrer sin apuro, conversar con sus habitantes y entender que, en estos pueblos, el turismo no se construye solamente con panorámicas: también depende de quienes mantienen vivas sus costumbres y sus actividades productivas.

Tulipanes: la primavera tiene su propio calendario

Hace unos años comenzaron a probar las plantaciones. Fue un ensayo de prueba y error, y finalmente esta primavera, los tulipanes modificaron la imagen de Huinganco. Así, la floración sumó color a un paisaje dominado por los tonos de la montaña y convirtió al vivero provincial en uno de los puntos de interés más importante de la temporada.

Los accesos por ruta y caminos de montaña los realizamos a bordo de la Trailblazer de Chevrolet. 

Durante nuestra visita, el intendente Luis Sepúlveda contó que el proyecto había comenzado alrededor del año 2000, que luego atravesó una etapa de interrupción y que más tarde volvió a ponerse en marcha. También recordó el vínculo inicial con productores de Trevelin y la incorporación de bulbos para desarrollar la experiencia local.

La iniciativa busca combinar producción y turismo. No se trata solamente de contemplar las flores: detrás de la imagen primaveral hay tareas de plantación, cuidado, cosecha y selección de bulbos. Esa continuidad productiva es importante para comprender el alcance de la propuesta y su potencial más allá de unas pocas semanas de floración.

Para la temporada 2026, el Gobierno de Neuquén informó que se habían plantado 16.600 bulbos, después de una prueba piloto de 5.000 unidades en 2025. La apertura oficial de la temporada se realizó el 10 de octubre.

 El Sagrado Corazón de Jesús, obra de Alejandro Santana, se suma a la propuesta de turismo religioso en Neuquén.

El desafío es conseguir que quienes llegan atraídos por los tulipanes descubran también el resto del pueblo. Que la visita al vivero sea el comienzo de un recorrido por los miradores, los senderos y los emprendimientos locales; que la fotografía se convierta en una estadía y que esa estadía tenga un impacto concreto en la comunidad.

Un nuevo punto de encuentro con la montaña

En octubre, Huinganco sumó otro atractivo: la inauguración del Sagrado Corazón de Jesús, una obra de Alejandro Santana emplazada en el cerro de la Cruz. La escultura también fue uno de los temas de nuestra conversación con Sepúlveda.

La obra se integra al paisaje desde una posición elevada, con vistas hacia las cordilleras de los Andes y del Viento. Su escala la convierte en una nueva referencia visual de la localidad y suma una dimensión religiosa y artística a la propuesta turística.

El monumento también se incorpora al Camino de la Fe neuquino, un recorrido que reúne distintos sitios vinculados con la espiritualidad y el patrimonio cultural de la provincia.

Vista desde un mirador del Sagrado Corazón de Jesús.

Más allá de sus dimensiones, el interés del lugar reside en la relación entre la obra y su entorno. La montaña deja de ser un fondo distante para convertirse en parte de la experiencia: el visitante llega hasta el mirador, observa la extensión del territorio y encuentra otra manera de leer el paisaje.

Como ocurre con los nuevos atractivos, su consolidación dependerá de que pueda integrarse a recorridos bien organizados, con información accesible y propuestas que inviten a conocer otros rincones de Huinganco.

Dulces, hongos y conservas: el paisaje también se prueba

Para descubrir la identidad de un pueblo, a veces conviene dejar por un momento los miradores y entrar en un pequeño establecimiento familiar. En Huinganco, Dulcería La Peti permite acercarse a una dimensión menos monumental, pero igualmente significativa: la de quienes transforman los recursos del entorno en productos que cuentan algo sobre el lugar.

Postales del Norte Neuquino de una primavera que tarda en llegar, entre montañas y ríos.

En diálogo con RADAR, su propietario explicó que el emprendimiento elabora dulces con frutos de la zona y que también trabaja con hongos recolectados en el bosque. Parte de esa producción se prepara en conservas condimentadas y otra se deshidrata para su comercialización.

La actividad requiere conocimiento de los ciclos naturales, trabajo artesanal y una relación cercana con el territorio. En vez de ofrecer una gastronomía desconectada de su procedencia, estos productos permiten reconocer sabores y prácticas vinculados con el ambiente local.

La historia del emprendimiento también habla de decisiones familiares, aprendizaje y perseverancia. Su propietario recordó el camino recorrido para obtener las autorizaciones necesarias para comercializar sus elaboraciones y contó que, con el tiempo, sumaron alojamiento. Cuando no tienen disponibilidad, coordinan con otros prestadores del pueblo.

El Alto Neuquén, en vista panorámica.

Ese crecimiento no elimina las dificultades. En la conversación, el productor señaló la necesidad de mejorar la cooperación entre vecinos y el acompañamiento para dar a conocer los emprendimientos. Es una cuestión relevante para las localidades pequeñas: la llegada de viajeros puede abrir oportunidades, pero para que sus beneficios se distribuyan hacen falta promoción sostenida, coordinación e información clara.

En Huinganco, el sabor del destino no se limita a una mesa. También está en las personas que recolectan, elaboran, conservan y encuentran una forma de vivir de aquello que saben hacer.

El desafío de caminar hacia las alturas

El paisaje que rodea Huinganco invita a mirar más allá del casco urbano. Los senderos de montaña ofrecen otra escala de aproximación al territorio, aunque requieren planificación y una evaluación realista de las condiciones físicas necesarias para cada recorrido.

Jardín del Neuquén: Así es conocido Huinganco por su vegetación, sus coloridas alamedas, frutales, arroyos y sus históricos bosques cultivados que contrastan en medio de la árida Cordillera del Viento.

Uno de los referentes es el cerro Corona, un punto de interés para caminantes y deportistas. El ascenso completo es una travesía exigente, de unas ocho horas entre la subida y el descenso. Alcanza una altura cercana a los 3.000 metros y pasa junto a un arroyo que desciende desde una laguna próxima a la cima.

No es una caminata para improvisar. Antes de emprenderla, es necesario confirmar el estado del sendero, las condiciones meteorológicas, el tiempo estimado, la disponibilidad de agua y la conveniencia de ir con un guía habilitado. En la montaña, la belleza del recorrido no elimina sus exigencias.

Para quienes prefieren un viaje menos demandante, los miradores y los paseos cercanos a la localidad pueden ser una alternativa para disfrutar del entorno sin convertir cada jornada en una expedición.

La clave está en adaptar el recorrido a cada viajero. En esta parte de Neuquén, las distancias, el clima y las condiciones de acceso forman parte de la experiencia y conviene considerarlos al organizar la estadía.

Vista de la Cascada La Fragua, en Manzano Amargo.

Un pueblo dentro de una región de historias

Huinganco también puede funcionar como punto de partida para explorar otros rincones del Alto Neuquén. Hacia el norte aparecen localidades como Andacollo, Las Ovejas, Varvarco y Manzano Amargo, cada una con su relación particular con los valles, los cursos de agua y la Cordillera del Viento.

Más allá, el área de Domuyo reúne paisajes volcánicos, aguas termales y formaciones rocosas singulares. Los Bolillos, cerca de Varvarco, sobresale por sus columnas y estructuras erosionadas, que componen uno de los escenarios geológicos más llamativos de la región.

En estos territorios, el paisaje se mezcla con relatos históricos y leyendas. Las historias asociadas a los hermanos Pincheira forman parte de la memoria regional y aparecen vinculadas a distintos sitios del norte neuquino. Son relatos que despiertan curiosidad, aunque conviene distinguir entre los episodios documentados y las versiones transmitidas por la tradición oral.

La gastronomía también ayuda a entender esa identidad. El chivito del Norte Neuquino, reconocido con una denominación de origen, es uno de los productos emblemáticos de la región. El ñaco, el mote, la chupilca, los quesos caseros y las conservas forman parte de una cocina ligada a la vida rural y a las prácticas productivas locales.

Espejos de agua y montañas de fondo, una postal tradicional del Norte Neuquino.

Huinganco aporta a ese mapa su propio repertorio: los dulces, los hongos, los senderos y una primavera que encuentra en los tulipanes su imagen más visible.

Cuándo ir y cómo organizar la visita

La primavera y el verano son las épocas más atractivas para conocer Huinganco, especialmente para quienes quieren ver los tulipanes entre octubre y noviembre. La floración depende de las condiciones de cada temporada, por lo que conviene consultar su estado antes de viajar.

Los meses más templados también pueden favorecer las caminatas y las excursiones por los alrededores, aunque la montaña exige revisar siempre el pronóstico y las condiciones de los caminos.

Para quienes planean quedarse varios días, la alternativa es combinar Huinganco con otros destinos del Alto Neuquén. 

Chos Malal es el sitio ideal para empezar este viaje. Allí es posibe conocer la historia regional y la gastronomía; Las Ovejas abre el camino hacia el área natural protegida Epu Lauquen, mientras que Varvarco permite organizar excursiones hacia Domuyo y Los Bolillos.

Los Bolillos, un escenario único de formaciones geológicas que impactan a los visitantes.

Las distancias entre localidades hacen recomendable planificar los desplazamientos, la carga de combustible y confirmar previamente los servicios disponibles. También conviene verificar alojamientos, horarios y excursiones, especialmente fuera de los períodos de mayor movimiento turístico.

Huinganco no necesita competir con los destinos más conocidos de Neuquén para justificar una visita. Su atractivo está en otra escala: la de los pueblos donde el paisaje convive con el trabajo cotidiano, donde un producto artesanal puede contar tanto como una panorámica y donde la primavera transforma el entorno durante unas semanas.

Los tulipanes son una buena razón para llegar. Pero quizá la mejor razón para quedarse sea descubrir todo lo que florece alrededor de ellos.

------------- Recomendaciones-------------

¿Dónde alojarse?

Una de las mejores alternativas son las hosterías provinciales. Hostería Huinganco. A 470 km de la ciudad de Neuquén, con acceso por las rutas nacionales N° 22 y 40 hacia el norte, y la Ruta Provincial N° 43 (últimos 8 km de ripio). Cuenta con 10 habitaciones (capacidad total de 20 plazas), una de ellas adaptada para personas con discapacidad motriz. Posee el restaurante "El Pirquinero", con capacidad para 30 personas, que sirve comida argentina y opciones especiales (vegetarianas, sin lácteos y veganas), además de platos típicos de la región.

Agencia receptiva: Rumbo Norte.

Damián Hernández y Ariel Morales son dos lugareños y guías (de treakking y montaña) que formaron la agencia Rumbo Norte hace más de 11 años. Especializados en el Norte Neuquino, ofrece excursiones de diferentes dificultades. 

En un salón pequeño y muy agradable se puede pedir trucha, uno de los platos típicos que propone el Alto Neuquén junto al chivito con denominación de origen. 

Productos regionales: 

La Fábrica de Dulces Regionales de Huinganco es un histórico emprendimiento de gestión municipal. En su renovada casita de madera de aspecto cordillerano, se pueden adquirir los típicos dulces artesanales como el de rosa mosqueta y el sólido de membrillo, además de licores de diferentes sabores. 

Alojamiento y dulcería La Petty (también conocida popularmente como "La Peti") es un tradicional emprendimiento familiar de elaboración de dulces artesanales y regionales ubicado en la localidad. Allí se pueden adquirir todo tipo de mermeladas y hongos disecados.