Poner la sostenibilidad en el corazón del negocio: por qué queremos ser engranajes del cambio


Por Facundo Carassale
Director Comercial de AERO y miembro del Comité de Vocería de la SxS 2026.

En AERO estamos cumpliendo 25 años como empresa en el sector de la turoperación y la consolidación aérea. Desde nuestros orígenes en la ciudad de La Plata, siempre tuvimos una vocación muy natural por mirar hacia los costados, desde colaborar con ONGs locales, hasta ser una usina de primer empleo para los jóvenes universitarios. Sin embargo, ese recorrido encontró un norte mucho más profundo en 2023, cuando nos convertimos en Empresa B Certificada.

Ahí fue donde cambiamos la mirada. Entendimos que la sostenibilidad no es una acción aislada del departamento de marketing, ni un discurso bienintencionado, en muchos casos puesto de moda para limpiar alguna culpa corporativa. Es una estructura holística que debe transformar, por completo, el corazón de nuestra actividad comercial.

El verdadero desafío de la industria en América Latina ya no pasa por convencer a la gente de que viaje con cuidado. El reto urgente es bajar el discurso a la tierra e instalar en la agenda pública soluciones cotidianas, transparentes y tangibles.

El verdadero desafío: de las oficinas a la cadena comercial

Cuando uno entra en el ecosistema de las Empresas B, descubre que la vara sube año tras año. Ya no alcanza con implementar buenas prácticas puertas adentro, como minimizar el uso de papel o instalar paneles solares en los techos de nuestras oficinas para abastecer un tercio de nuestra energía. El verdadero examen de triple impacto (económico, social y ambiental) consiste en meterse con el core del negocio.

Por eso diseñamos el programa Aero Sostenible 2030, fijándonos una meta clara: para ese año, al menos el 51% de nuestros proveedores habituales (compañías aéreas, cadenas hoteleras, operadores receptivos y DMCs) deben contar con certificaciones oficiales de sostenibilidad.

Y en este punto me interesa ser muy honesto: nuestra idea como operador mayorista no es ser el jurado ni la policía de la sostenibilidad. No estamos acá para vigilar, señalar con el dedo o imponer restricciones de forma externa. Nuestro rol en la cadena comercial es ser un engranaje que traccione: queremos premiar e impulsar a los prestadores que ya vienen trabajando bien, y acompañar a los que todavía no han empezado para que incorporen pequeñas acciones en su día a día. Se trata de convicción, no de obligación.


Aquí no hay discriminación: de la gran aerolínea al mochilero

Existe el mito de que la sostenibilidad es un lujo costoso exclusivo de las grandes corporaciones. La realidad nos demuestra que en el turismo conviven todas las escalas de impacto, y cada una de ellas es vital para equilibrar la balanza:

       La gran escala corporativa: Se traduce en aerolíneas globales invirtiendo en nuevos combustibles menos contaminantes, o en grandes cadenas hoteleras que auditan de forma transparente sus reportes de descarbonización y gestión de recursos.

       El valor del prestador local: Se ve en un pequeño operador receptivo en la Puna o en Perú que trabaja de manera vivencial con las comunidades. Ellos generan empleo genuino a través de los tejidos tradicionales, mejoran las viviendas de la zona y salvaguardan la identidad cultural del lugar.

       La responsabilidad individual: Radica en el propio viajero. Acciones tan sencillas como evitar los insumos plásticos de un solo uso, cuidar el agua en el hotel o no arrojar residuos en un parque nacional. En esto no hay diferencias de presupuesto: un mochilero que viaja con lo justo puede generar el mismo impacto positivo —o negativo— que un turista de alta gama. La sostenibilidad es, en última instancia, una decisión personal.

Prácticas útiles que ya están transformando los destinos

Aprovechando el espacio de divulgación y aprendizaje práctico que promueve la plataforma de la Semana por la Sostenibilidad (realizada del 8 al 14 de junio), vale la pena repasar algunas de las iniciativas que demuestran que el impacto positivo y el negocio pueden caminar de la mano de forma orgánica:

  1. Turismo comunitario y economías regionales: Experiencias consolidadas en regiones de Colombia o Perú que permiten que los ingresos del turismo vayan directo a las familias rurales o comunidades indígenas, protegiendo su patrimonio y garantizando un desarrollo económico justo.
  2. Modelos hoteleros conscientes: Cadenas internacionales como RIU (a través de su programa Proudly Committed) o Iberostar (con quienes hemos diseñado viajes de familiarización 100% sostenibles) que demuestran que es posible gestionar de forma masiva el residuo cero, promover la producción local y proteger la biodiversidad de las playas.
  3. Modelos de conservación en el destino: El enfoque de países como Costa Rica o islas como Aruba, que estructuran sus políticas públicas invitando al visitante a involucrarse activamente en la protección de los ecosistemas, transformando la estadía en una experiencia de preservación y no de consumo masivo.

Dejar una huella que valga la pena

El viaje es, por definición, la mejor herramienta de educación que tenemos los seres humanos. Te eleva, te abre la mente, te enseña nuevas culturas, religiones y formas de ver la vida. Si viajar nos aporta tanto, lo mínimo que podemos hacer como industria y como ciudadanos es devolverle algo positivo a los lugares que nos reciben.

El turismo del futuro no se trata simplemente de elegir un destino espectacular en el mapa; se trata de elegir cómo vamos a caminar por él. Viajar con conciencia ambiental y social no es una restricción para el disfrute, sino la única oportunidad real de enriquecer nuestra experiencia y asegurar que la belleza que hoy descubrimos siga asombrando a las próximas generaciones. Hagamos que cada decisión de viaje cuente.