De Dubái a Rosario: el turismo atrapado entre la guerra, la crisis global y la política doméstica


Por Mariano Pizarro.- Mientras a nivel global analizan con preocupación ¿cuál será el impacto de la Guerra y cuánto tiempo demorará en volver a recuperarse el tursmo? en Argentina el tema no aparece en la agenda política, salvo en excepciones como se observó en la última Asamblea del Consejo Federal de Turismo realizado en Rosario, Santa Fe, cuando el secretario de turismo pampeano planteó la preocupante suba de los combustibles y el encarecimiento de los viajes. 

Alejado del conflictos, por lo menos desde la geopolítica, aunque activo en lo discursivo y simbólico, algunos funcionarios de nuestro país parecen no comprender el golpe que tendrá por los nuevos costos de la energía y el impacto económico, así como el efecto de incertidumbre que la guerra genera en los viajeros internacionales.

En el diario El País de España, una nota es elocuente. "La guerra torpedea al sector turístico mundial". Allí se deja en claro que inevitablemente el conflicto bélico tendrá graves consecuencias.

Para el Consejo Mundial de Viajes y Turismo el 2025 fue un gran ciclo para el Turismo a nivel mundial. El año cerró con ingresos récord de 11,7 billones de dólares, —un 6,7% más que el ejercicio anterior— y una participación del 10,3% en el PIB global, según Gloria Guevara, presidenta de la WTTC

Sin embargo, la escalada del conflicto mundial barrió con las mejores premoniciones de crecimiento. 
Se estima que la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya generó pérdidas de 600 millones de dólares diarios y amenaza 116 millones de visitas en todo el mundo.

El turismo mundial afectado por la transversalidad de la actividad

Hasta el cierre del espacio aéreo, los grandes hubs internacionales de la región —Dubái, Doha, Abu Dabi e Estambul— gestionaban uno de cada siete turistas del mundo, con 526.000 pasajeros diarios. 

El impacto es devastador: la ocupación hotelera media en Dubái ronda hoy el 19%, mientras que en Omán cae por debajo del 10%. Más de 52.000 vuelos han sido cancelados desde el inicio del conflicto.

La ruptura de conectividad no se limita a la región: Oxford Economics advierte que 116 millones de visitas y 858 millones de pernoctaciones fuera de Oriente Próximo están en riesgo durante 2026, con efectos sobre destinos de Asia, África y Oceanía.

Costos en alza, seguros retirados y reorientación de los turistas

El precio del petróleo —que representa el 30% de los costos operativos de las aerolíneas— se disparó, encareciendo los pasajes y reduciendo la oferta de vuelos. Las aseguradoras, por su parte, dejaron de cubrir viajes y aeronaves en la zona.

Las grandes cadenas hoteleras registran caídas de ocupación y precios de entre el 20% y el 30%: Marriott y Radisson sufrieron el desplome aunque mantienen sus planes de inversión en Arabia Saudí, Dubái y Qatar. Barceló suspendió eventos multitudinarios y estima que la normalidad no retornará hasta septiembre u octubre.

La crisis reorienta los flujos turísticos: aerolíneas y touroperadores desvían pasajeros hacia Europa y el Mediterráneo. España, Italia, Marruecos, Francia y Grecia captan parte de la demanda internacional. 

Sin embargo, Gloria Guevara advierte que los beneficios para Europa son parciales: "Los turistas europeos viajarán al sur de Europa, pero los asiáticos y árabes no llegarán porque no hay conectividad"

Oriente Próximo había crecido un 24% desde 2019; el retroceso compromete décadas de inversión en infraestructura y posicionamiento turístico.

Las tarifas hoteleras en la región muestran contracciones generalizadas: Arabia Saudí registra una baja del 19,5%, Baréin del 11%, Omán del 10%, Emiratos Árabes Unidos del 6% y Qatar del 2,2%. Solo Kuwait parece mantenerse al margen de la tendencia. Las perspectivas para los próximos meses apuntan a una caída sostenida de la confianza y la demanda en toda la región.

Argentina mira para otro lado

Mientras el mundo analiza con preocupación el alcance y la duración de la crisis, en Argentina el tema apenas asoma en la agenda política. Una excepción fue el último encuentro del Consejo Federal de Turismo celebrado en Rosario, donde uno de los secretarios de turismo presentes expuso la complejidad que generará el alza del combustible en los viajes internos.

Algunos funcionarios parecen no dimensionar el golpe que tendrán los nuevos costos energéticos, el impacto económico del conflicto y, sobre todo, el efecto de incertidumbre que toda guerra genera en los viajeros internacionales.

En ese vacío de diagnóstico, el gobierno ha comenzado a instalar la idea de una revitalización del turismo receptivo, sembrando la percepción de un alza en la llegada de visitantes extranjeros. 

Sin embargo, la realidad que describe el sector es otra: hoteles, empresas de turismo y locales gastronómicos advierten que la falta de consumo es preocupante. Basta recorrer cualquier destino turístico del país para comprobarlo.

A eso se suma otro problema estructural: los datos del INDEC y de los observatorios de turismo no resultan confiables. La metodología aplicada en los últimos años refleja una precariedad que, en plena era de inteligencia artificial, no tiene justificación técnica —pero sí tiene una explicación política: las cifras pueden jugar a favor o en contra del gobierno de turno.

En ese escenario, el orden discursivo desplaza al análisis, y el sector queda librado al optimismo oficial. El turismo argentino enfrenta así una doble amenaza: la que viene del mundo, con una crisis global que nadie eligió, y la que se construye desde adentro, con un Estado que confunde el relato con la política pública.

Fuente: Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) y Oxford Economics.