En el extremo norte de La Pampa, lejos de los circuitos previsibles y del turismo apurado, existe una región que se revela de a poco, como los paisajes que no se imponen sino que se dejan descubrir. El Portal del Norte Pampeano no busca deslumbrar con estridencias: seduce con tiempo, con historias vivas y con una geografía que invita a mirar lejos.
Aquí el viaje empieza por el cuerpo. En Bernardo Larroudé, las aguas termales marcan el ritmo de llegada. Vapor suave, silencio de campo y cielos amplios acompañan una experiencia de bienestar que parece pensada para bajar revoluciones. No hay apuro: el descanso es parte de la identidad local.
La naturaleza toma protagonismo en Embajador Martini, donde la Reserva Natural Chadilauquen y el Parque Los Caldenes conservan uno de los paisajes más representativos del norte pampeano.
Caminatas lentas, fauna discreta y árboles que resisten el paso del tiempo definen un escenario que combina contemplación y equilibrio ambiental.
Pero el Portal del Norte Pampeano también late con fuerza cultural. Intendente Alvear se transforma cada año durante la Fiesta Nacional de Doma y Folklore, un encuentro donde la tradición gaucha, la música y la destreza criolla siguen marcando pertenencia. Allí, un detalle inesperado suma una capa histórica: el “Gobron Brillié”, automóvil que perteneció al expresidente Marcelo T. de Alvear, testimonio de otra Argentina en movimiento.
Ingeniero Luiggi continúa esa narrativa identitaria con la Fiesta Nacional del Caballo y la Tradición, mientras que Parera propone un contraste delicado en la Fiesta Provincial de la Rosa, donde colores y aromas transforman el pueblo. En esta localidad, el Museo El Tordillo conserva la memoria colectiva como un acto cotidiano, no como una postal congelada.
El recorrido se enriquece con pueblos que guardan sorpresas arquitectónicas y relatos íntimos. En Maisonnave, la iglesia de Santa Ana irrumpe con su estilo ecléctico y gótico tardío, desafiando la idea de uniformidad rural. En Adolfo Van Praet, el Museo Francisco Aiassa funciona en la casa del fundador, borrando la frontera entre historia pública y vida privada.
Rancul propone un viaje emocional: sus calles remiten a la obra de Alberto Cortez y el almacén de ramos generales “El Tentador” conserva ese espíritu de pueblo donde todo sucede alrededor de un mostrador.
En Sarah, el pasado industrial se resignifica: el antiguo frigorífico provincial es hoy el Hotel Rural La Pampeana, un espacio donde la gastronomía de autor dialoga con paredes cargadas de historia.
Más allá de los nombres más conocidos, el Portal del Norte Pampeano se arma también con pequeñas grandes experiencias: un cine antiguo y buena mesa en Realicó; la Casa Villa Ester y el Museo José Giorgis en Alta Italia; la huella araucana y la serenidad de la capilla en Quetrequén; museos locales en Ceballos y Vértiz que explican cómo se construyó el territorio; estaciones de tren y edificios de ladrillo a la vista en Coronel Hilario Lagos y Falucho, testigos del impulso pionero.
Viajar por el Portal del Norte Pampeano es aceptar otra lógica: la de los pueblos que no se muestran, se comparten; la de los paisajes que no abruman, acompañan. Es una invitación a detenerse, a escuchar y a entender que, en esta parte de La Pampa, el verdadero lujo sigue siendo el tiempo.


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