El inicio de 2026 encendió señales de alerta entre agentes de viajes argentinos con pasajeros rumbo al Caribe. La principal complicación estuvo vinculada a las restricciones aéreas derivadas del operativo estadounidense “Resolución Absoluta” en Venezuela, que impactaron de forma directa en la conectividad regional.
La medida provocó cancelaciones y reprogramaciones de vuelos. Uno de los casos más relevantes fue la postergación del vuelo inaugural de Aerolíneas Argentinas hacia Aruba, que debía partir con ocupación completa. Con el correr de los días, la situación comenzó a normalizarse, aunque en el sector persiste la preocupación ante una eventual escalada que profundice la crisis en la región.
El Caribe enfrenta así un desafío de carácter sistémico que pone a prueba la resiliencia de su principal motor económico: el turismo. Para los países caribeños, el actual escenario no representa únicamente un conflicto político en un país vecino, sino una amenaza directa a la industria que sostiene gran parte de sus economías.
Un motor económico bajo presión
El turismo constituye el pilar central del Caribe, con una participación estimada del 11,4% del Producto Bruto Interno regional y el 15,1% del empleo total. La crisis actual, sin embargo, podría afectar un flujo que venía mostrando un crecimiento sostenido. Un ejemplo de ello son las cifras difundidas recientemente por República Dominicana, que cerró 2025 con un récord histórico de 11,6 millones de visitantes.
Pese a este contexto positivo, en los principales centros de decisión de la industria comienza a instalarse un clima de cautela. Varias compañías de cruceros se vieron obligadas a reorganizar itinerarios para evitar puertos como Bridgetown y San Juan, mientras que en Trinidad y Tobago ya se reportan cancelaciones de grupos y escalas.
Especialistas del sector advierten que el “ruido permanente” y la amenaza de nuevas medidas generan un escenario de inestabilidad que desalienta al visitante, cuyo principal criterio de elección continúa siendo la seguridad. En ese sentido, distintos estudios de ONU Turismo han señalado de manera consistente que los conflictos regionales y la percepción de riesgo impactan de forma directa en la demanda turística.
Llamado al diálogo y a la estabilidad. La respuesta institucional llegó desde la Comunidad del Caribe (CARICOM), que reafirmó su compromiso con el multilateralismo y el derecho internacional, y volvió a definir a la región como una “zona de paz”. En un contexto en el que Estados Unidos busca reconfigurar su influencia regional bajo una renovada lógica de la Doctrina Monroe, los líderes caribeños insisten en la necesidad de un diálogo pacífico que garantice la estabilidad.
Camino a la normalización
Por su parte, la Organización de Turismo del Caribe (CTO), que nuclea a 25 destinos de la región, informó que ha estado monitoreando de cerca los acontecimientos geopolíticos en Venezuela y atendiendo las interrupciones experimentadas por los viajeros tras el cierre temporal del espacio aéreo durante el último fin de semana.
Desde la entidad destacaron que el Caribe “cuenta con una amplia experiencia en la gestión de interrupciones externas y ha demostrado de manera constante la resiliencia de su industria turística”. En ese marco, remarcaron que tanto las operaciones aéreas como los servicios de cruceros dentro de la región continúan funcionando con normalidad y que las reservas anticipadas mantienen niveles significativos.
“La CTO alienta a los viajeros a continuar con sus planes y asegura a socios y visitantes que el Caribe sigue abierto y preparado para recibirlos”, concluyeron desde la organización.


